
Seguramente escuchaste las historias más famosas del Cusco que, probablemente, te la contaron durante tu visita a la ciudad.
Pues déjame decirte ¡Esa sólo es la punta del iceberg andino! Existen historias, cuentos, leyendas y anécdotas únicas que resaltan más que solo origen, ciencia y milenios de antigüedad.
En este fragmento textual, te contaremos historias que sólo los pobladores de la ciudad de Cusco conocen.
¿Quedarás horrorizado? O eres uno de esos amantes del terror, el misterio y el suspenso… ¡Lo descubriremos! Adéntrate en lo más profundo de las historias cusqueñas y disfruta de esta recopilación que te traemos, ¡será tu boleto de entrada al misterio de los andes!
¿Te generan curiosidad los videos de exploraciones urbanas?, y… ¿Qué es lo que le da ese toque terrorífico a la exploración? La respuesta es simple, el temor que inspira la oscuridad. Déjame contarte que hace tiempo, en la ciudad de Cusco, era normal que en diversas zonas no haya luz eléctrica. Esto convertía la oscuridad en algo desafiante y sólo pocos eran lo suficientemente valientes como para aventurarse en dichas condiciones. Cada avenida, calle, jirón, e inclusive plazas; apenas tenían un poco de luz, y sin mencionar que eran los faros antiguos con una luz tenue color naranja.
Es a partir de esto que surgieron las leyendas, historias, cuentos y anécdotas que, en ese tiempo, aterrorizaban a más de uno.
Si estás de visita en la ciudad de Cusco y te gustaría llevarte más que una experiencia turística, échale un vistazo a las incónicas leyendas que aterrorizaron en las zonas alto andinas de Cusco, entre las cuales están:
Contents
El misterio del Pishtaco

Este nombre, proveniente de Ayacucho, logró expandirse hasta los rincones más oscuros de Cusco.
El Pishtaco, cuyo nombre proviene del quechua «pishtaku» y en español significa «cortar en trozos«, es representado como una persona cuyo propósito era algo más humano e industrial, ya que estas personas se dedicaban a extraer la grasa corporal de sus víctimas.
Los pishtacos, según algunos historiadores, existieron desde la época de la conquista en Perú. Sin embargo, su presencia fué más notoria en los años 80. Durante ese tiempo, el desarrollo de las armas en Perú fué crucial para lo cual, la grasa humana era muy valiosa, sirviendo para casquillos de munición, así como para otros instrumentos como campanas. Es aquí donde los pishtacos jugaban su papel, ya que, eran quienes proveían de la grasa requerida a las empresas a cambio de atractivas sumas de dinero.
Los lugares que frecuentaban eran las zonas alto andinas debido a que, en esos tiempos, no había tanta seguridad como hoy. Por otra parte, se tienen informes de que la grasa estraída por parte de los pishtacos durante su auge, fué sumamente alta, llegando inclusive a ser vendida al exterior del Perú.
Es por lo mencionado anteriormente que las personas temían a los famosos pishtacos, puesto que durante ese tiempo, nadie deseaba toparse con este tipo de personas. Al día de hoy, se convirtió en una leyenda que sin duda alguna, continúa generando intriga, conmoción y terror, inclusive en los mismos locales; convirtiendo a este mito en una leyenda que plasma realidad y ¡terror!
A continuación, te contamos una entretenida historia local sobre esta leyenda:
El Pishtaco de Salkantay

Cuenta la historia que un arriero viajaba junto a su esposa y sus cuatro mulas, mientras guiaba a un par de turistas por la ruta Soraypampa, camino que conecta la montaña Salkantay con la ciudadela de Machu Picchu. Al finalizar su labor, el hombre y su esposa emprendieron el mismo trayecto de regreso a casa; sin embargo, se les hizo tarde y la oscuridad empezaba a envolver el paisaje. Ante este imprevisto, decidieron desviarse por un atajo llamado Manchayhuayo —cuyo nombre significa «cueva que asusta«—, ubicado cerca del abra de Salkantay. A pesar de su reputación, este sendero les permitiría llegar más rápido a su hogar.
Al llegar a Manchayhuayo, la pareja se detuvo frente a una cueva, cuando de pronto escucharon una voz que provenía de atrás. Era el temido Pishtaco, listo para cometer su fechoría. Aterrados, ambos se quedaron paralizados. Sin embargo, al ver a la mujer, el siniestro personaje quedó cautivado por su belleza. Entonces, con voz grave, preguntó al arriero:
—Oye, amigo… ¿quieres vivir?
El arriero, confundido y temeroso, asintió. El pishtaco, sin rodeos, le propuso:
—Si quieres seguir con vida, deberás dejarme a tu esposa. Solo así serás libre.
El hombre, con el corazón desgarrado, se acercó a su esposa y le susurró al oído:
—Si no le obedecemos, nos matará a ambos… y nuestros hijos quedarán solos. Te prometo que volveré por ti, amor mío.
Con lágrimas en los ojos, entregó a su esposa al pishtaco y dijo:
—Está bien, señor… te dejaré a mi esposa.
El pishtaco, satisfecho con su victoria, se llevó a la mujer y a una de las mulas hacia su guarida: la cueva. Dentro, la mujer observó con horror cacerolas, un cuchillo afilado y una cubeta de agua. Cuando llegó la hora de dormir, se acostó en la cama del pishtaco y dijo con voz suave:
—Cuando duermo con mi esposo… él no lleva nada puesto.
El pishtaco, con gesto pícaro, obedeció. La mujer volvió a hablar:
—Por favor, tráeme una cubeta con agua.
El pishtaco respondió, algo confundido:
—Pero… el río está lejos, y ya es de noche.
Ella insistió con un aire de desilusión:
—Mi esposo siempre va por agua sin importar el frío o la oscuridad…
El pishtaco, deseando impresionarla, salió desnudo en dirección al río. Pero no se percató de que la mujer, antes de su salida, había tomado el cuchillo y hecho un corte muy fino en la base de la cubeta. El pishtaco regresó con la cubeta, pero esta estaba vacía. Volvió al río varias veces, sin comprender por qué el agua “desaparecía”.
Mientras él repetía su viaje, la mujer aprovechó para escapar sigilosamente. Cuando el pishtaco notó su ausencia, gritó con furia:
—¡¿A dónde vas, traicionera?!
Corrió tras ella, pero el frío, la desnudez y el agua que escurría por sus piernas le entumecieron el cuerpo. Cuando estaba a punto de alcanzarla, resbaló por un acantilado y cayó al vacío.
La mujer logró regresar a su hogar y se abrazó a su esposo entre lágrimas, habiendo escapado del horror. El pishtaco, por su parte, no sobrevivió. Herido, desnudo y sin ayuda, pereció en la oscuridad de su propia guarida.
¿Qué te pareció esta historia? Interesante, ¿verdad? Relatos como este son parte del legado oral de lugares como Salkantay, Cusco y sus comunidades altoandinas. Si estás de visita, no dudes en preguntarle a tu guía por estas leyendas; descubrirás un lado del Cusco que muy pocos conocen… el lado misterioso de los Andes.
La leyenda del Kharisiri

Te sorprenderá saber que el temido Kharisiri guarda una inquietante similitud con los pishtacos. Sin embargo, su historia tiene un matiz más espiritual y profundamente arraigado en la cosmovisión andina. El término “Kharisiri” era utilizado por los pueblos indígenas para referirse a ciertos frailes, a quienes consideraban “nigromantes peligrosos”. Esta visión se debía a prácticas incomprendidas que asociaban con el ocultismo y la manipulación de fuerzas sobrenaturales.
Los pobladores de las zonas altoandinas afirman que el Kharisiri también se asemeja a los condenados, espíritus errantes que vagan por cordilleras y volcanes, sembrando miedo entre quienes se atreven a cruzarse en su camino. Al igual que los pishtacos, los Kharisiris extraían la grasa de sus víctimas, especialmente de la zona cercana a los riñones. Aunque se desconoce el propósito exacto de esta extracción, se cree que podría responder a rituales de carácter espiritual, más que meramente físico o económico.
Lo más inquietante es que las víctimas que aseguraban haber sido atacadas no presentaban cicatrices visibles, ni heridas ni hemorragias. Aun así, sus cuerpos comenzaban a perder peso, se debilitaban lentamente, como si les hubiesen arrebatado su esencia vital.
Se dice que el Kharisiri actuaba con sigilo, utilizando una pequeña campanilla para llamar al espíritu de su víctima. Luego, con un farolito, iluminaba el lado derecho del abdomen para proceder con la extracción en la oscuridad. Finalmente, pasaba una estatua de la Virgen de los Remedios por la zona intervenida mientras recitaba una oración, provocando una cicatrización inmediata y mágica.
Estos detalles alimentan la teoría de que los Kharisiris tenían un objetivo más espiritual que material, como si consumieran el alma de sus víctimas, dejando apenas un cuerpo vacío. En las alturas de San Salvador, Piñipampa y otras localidades rodeadas de majestuosas montañas, los lugareños aseguran haber visto una forma aún más inquietante de estas entidades: las “ovejas negras”, espíritus condenados que vagan eternamente por los cerros.
Sin duda, toda esta información es fascinante, pero escuchar una historia local, contada al calor de una fogata o en una noche sin luna, puede despertar la imaginación y llevarte al horror más profundo de lo desconocido.
La misteriosa oveja negra

No se sabe con exactitud cuándo ocurrió, pero esta historia me la contó mi abuelo:
Hace tiempo, en el pueblo de Chalqui, específicamente en la mística Torre de Chalqui (Espinar, Cusco), las familias no seguían un patrón convencional. En estas zonas altas, la pobreza y los problemas familiares eran frecuentes y casi inevitables.
Una de esas familias estaba compuesta por un padre, su esposa y dos hijos. En ella, las discusiones eran constantes, sobre todo por la falta de empleo y la desesperante escasez de dinero. Un día, una de esas peleas alcanzó tal gravedad que el hombre, colmado de ira, gritó:
—¡Estoy harto de discutir contigo! Me voy a dormir al cementerio, ¡los muertos me dan más paz que tú!
A lo que la mujer, sin pensarlo dos veces, le respondió:
—¿Así? ¡Pues vete! Y si no eres capaz de conseguir trabajo, ojalá alguna alma en pena te dé uno.
Cegado por la rabia, el hombre tomó su bicicleta y se dirigió al pequeño cementerio a un kilómetro de distancia. Una vez allí, sacó una pequeña botella de licor y comenzó a beber mientras el frío de la noche se cernía sobre él. Usando su chaqueta como cobija, se recostó sobre un antiguo féretro y, poco a poco, cayó en un profundo sueño.
Aquella noche no fue como cualquier otra. Mientras dormía, su cuerpo se agitaba levemente, y su mente fue invadida por un sueño extraño: una enorme bolsa negra se acercaba lentamente. Pero no era una simple bolsa… hablaba.
—¿Has venido a buscar trabajo? Estás interrumpiendo mi siesta…
El hombre no podía despertar. La bolsa se acercaba una y otra vez repitiendo la misma frase, hasta que, finalmente, dijo algo distinto:
—¿Crees que estás soñando?… Mañana nos veremos a primera hora.
En ese instante, el hombre despertó sobresaltado. A su alrededor, el sol asomaba tímidamente por el horizonte, y el licor ya había perdido su efecto. Aterrado y arrepentido, murmuró:
—Qué horrible sueño he tenido… Mi esposa… ¡Mis hijos!
Sin perder tiempo, tomó su bicicleta y emprendió el regreso a casa. Ya en el camino, se cruzó con una oveja negra que deambulaba sola, sin rebaño ni pastor. Fue entonces que, movido por el remordimiento y la necesidad, pensó:
—Si me llevo esta oveja, mi esposa podría calmarse y tendríamos comida. ¡Gracias, Dios!
Ató la oveja a su espalda con una cuerda y, agradecido, murmuró:
—¡Te agradezco mucho, ovejita! Estarás deliciosa para mi familia.
Pero cuando se acercaba a un precipicio cercano a la Torre de Chalqui, una voz le susurró al oído:
—¿A dónde me llevas?… ¿Crees que me vas a comer? ¿Por qué me has desviado de mi camino?
El hombre quedó helado. No había nadie más cerca, y la voz venía justo de su espalda… donde estaba la oveja.
—¿Crees que me vas a comer? Yo te voy a comer. Cuando lleguemos a tu casa, me tragaré tu alma… y la de tu esposa.
Lleno de terror, el hombre se soltó la cuerda como pudo y arrojó a la oveja por el precipicio. Luego montó su bicicleta y huyó sin mirar atrás, con el alma encogida y el corazón a punto de estallar.
Según cuentan los pueblerinos, dos semanas después, aquel hombre falleció de causas desconocidas.
Las tradiciones peruanas están llenas de relatos donde animales representan fuerzas espirituales, ya sean protectores o entidades malignas. Este tipo de historias nos recuerda el profundo respeto que se debe tener por la naturaleza, los animales y la Pachamama, pues en el mundo andino, todo ser y todo lugar guarda un espíritu.
El Machu y la Paya: mito local

¿Te consideras, o te han dicho, que eres una mujer muy hermosa? Si es así, déjame decirte que tus admiradores, fanáticos… e incluso tus acosadores, no son los únicos que están tras de ti.
En la ciudad del Cusco, desde tiempos remotos, circulan historias que estremecen el alma. Una de ellas es la del temido Machu.
El Machu, palabra quechua que significa “el viejo”, no hace alusión simplemente a un anciano, sino a un espíritu maligno con forma de hombre que ronda en busca de mujeres bellas. Este ente, según la tradición oral, no camina entre los vivos de manera convencional. Se presenta durante el sueño, cuando el cuerpo duerme y el alma queda vulnerable.
Dicen que el Machu se enamora fácilmente de las mujeres hermosas y que su propósito es dejar su «semilla» en alguna de ellas. Varias mujeres afirman haber soñado con un hombre alto, vestido completamente de negro y con un sombrero que oculta parte de su rostro. En sus sueños, intentan escapar, correr, gritar… pero nada funciona. El cuerpo está paralizado, y la voz, atrapada en la garganta.
No hay muchas explicaciones sobre el origen de este ser. Lo que sí es cierto, es que la sensación de verlo —o de sentirlo— es espeluznante. A muchas les deja secuelas psicológicas y un miedo difícil de olvidar.
Ahora bien, si eres hombre y te consideras atractivo, no estás libre de esta amenaza. Existe también la figura de La Paya, otro espíritu andino cuyo nombre en quechua significa “la vieja”. Así como el Machu acosa mujeres, la Paya busca varones guapos, a quienes visita por las noches mientras duermen. Se arrastra hacia ellos, los observa, los toca… y a veces incluso intenta “poseerlos” espiritualmente.
Más de un cusqueño ha contado experiencias que involucran a estos espectro. Así que si alguna vez escuchas historias parecidas entre los lugareños, no pienses que es simple superstición. Tal vez sea advertencia…
Y ahora, déjame contarte una historia real sobre uno de estos encuentros…
El hijo del Machu

Hace tiempo, en la provincia de Chumbivilcas (Cusco), había una mujer que era sumamente hermosa y deseada, en especial por el alcalde del pueblo. Esta mujer no era tan fácil de conquistar, pues tenía sus metas bien trazadas y una de esas era llegar a ser profesional. Esto último no era de gusto para el alcalde, ya que él siempre le prometía un futuro hermoso y próspero si ella decidía quedarse con él, pero la mujer no daba su brazo a torcer y no cedía ante las ofertas tentadoras del alcalde.
Un día, el alcalde mientras conversaba con la mujer, sacó un anillo con un diamante gigante y le propuso matrimonio, a lo que la mujer dijo:
—¿De donde sacaste eso? ¿No crees que estás exagerando?
El alcalde respondió:
—Todo sea por la mujer más bella del mundo, ¡Acepta este anillo y sé mi esposa!
Entonces, la mujer con una risa burlesca le dijo:
—No importa que me traigas la luna o mil diamantes, no voy a aceptar por que no sabes lo que quiero.
El alcalde un poco molesto por lo que escuchó, lanzó una mirada sospechosa y dijo:
—Está bien, si no es hoy, mañana será…
A lo que la bella mujer mientras se retiraba le dijo:
—Ni mañana ni ¡Nunca!
La mujer no lo sabía, pero había provocado la furia del alcalde sin darse cuenta de quien era realmente…
Ya en la noche, mientras la mujer dormía, dentro de sus sueños veía a un hombre que la llamaba mientras le decía:
—Rechazaste mi amor… ¡Lo rechazaste! Ahora tendrás que aceptar mi bendición…
Tras tal sueño, la mujer despertó asustada, y al observarse a detalle, tenía el vientre como el de una mujer gestante de nueve meses, y para sorpresa suya, estaba en labor de parto, sin saber quien era realmente el padre o cómo había llegado a esas circunstancias. Al finalizar la sesión de parto, las enfermeras espantadas comenzaron a gritar. La razón… el niño recién nacido ¡Tenía cuernos y cola!
No se sabe que pasó con el niño exactamente, pero desde ese entonces las mujeres bellas fueron más precavidas, mientras que la mujer protagonista de este relato, según se cuenta, se volvió loca. Por otra parte, el alcalde desapareció, ya que resulta que éste hombre realmente era el «Machu«.
Las historias suelen traer algo interesante, y en ocasiones son tradiciones o costumbres. Si estás de visita en la ciudad del Cusco, anímate a preguntar a las personas locales, te dirán que el Machu existe, y que si vives en Cusco y quieres librarte de él, debes dormir con un cuchillo de cocina bajo tu almohada, y sólo entonces, podrás librarte de este espíritu. Otra recomendación que te darán será que al dormir, lo hagas con una prenda masculina, esto dará a entender al Machu que hay un hombre en la casa, lo cual hará que se retire. Los hombres son considerados como guardianes en las zonas alto andinas, así que… ¡valora a tu esposo si lo tienes!
Tal como se menciona en este blog, son creencias que puedes seguir o no, recuerda que Perú tiene entre sus interacciones el «Turismo Místico«, el cual asocia hábitos, ofrendas y tradiciones a la presencia de divinidades tanto positivas como negativas.
El misterio de los Apus

Si llegaste hasta este punto, lo más probable es que hayas escuchado acerca de los Apus, espíritus sagrados guardianes de lagos, flora y fauna, y la agricultura. En realidad sus orígenes son considerados un atractivo místico y cultural ante la historia, pero si revelamos el misterio que guardan, te darás cuenta que «un gran poder conlleva a un gran sacrificio«.
El poder que poseen los Apus, son poco cuestionados ya que, no se sabe realmente de donde surge. Con el fin de buscar una explicación, se tiene la hipótesis de que los Apus son seres que suelen estar tristes o felices, dependiendo de como se vea afectado lo que protegen a su alrededor. Algunos locales aseguran que, los Apus antes eran personas comunes, pero que sufrieron un accidente en particular, al cual sobrevivieron. «Los rayos«, en las zonas alto andinas, durante época de lluvias, son sumamente constantes y cargados de energía ¿Te imaginas? que te cayera un rayo… pues déjame comentarte que ese es el origen de los Apus, son personas que por azares del destino, fueron impactadas por la enérgica carga de un rayo, pero que sobrevivieron.
Estas personas al haber sobrevivido a una fuerza eléctrica descomunal, se llenaron de energía y empezaron a sentir todo a su alrededor, desde el trinar de un pájaro, hasta los rugidos que emiten las placas tectónicas. Gracias a esto es que se convirtieron en los guardianes de la montaña y lo que lo rodea.
Los Apus decidieron mudarse a la cima de la montaña para poder proteger, además de la montaña donde habitan, todo lo que se encuentre a su alrededor. Esta es una probable razón por la cual verás que la incidencia de rayos en la ciudad es menor, pero en las zonas alto andinas, especialmente en las montañas de gran tamaño, los rayos caen constantemente.
El Jarjacha: leyenda alto andina

Llegaste a una de las partes más terroríficas, ya que hablar de este ser en la mitología andina, es sentir el terror de la misma oscuridad en los andes. Existen películas que explican ¿qué son los jarjachas?, introduciéndote en un ambiente tétrico y espeluznante. Una de estas es Jarjacha, el demonio del incesto.
Los jarjachas, provienen de los pueblos más recónditos de Ayacucho, y se extienden hasta las zonas alto andinas del sur de Perú. Estas son criaturas que tienen la apariencia de una llama con rostro humano, y suelen vagar por los andes durante las noches. El origen de estos seres es algo más relacionado con el pecado, específicamente el «incesto«. Este pecado en las zonas alto andinas trae como consecuencia el castigo de vagar en el cuerpo de una llama hasta ser devorado por uno de sus verdugos, «el puma».
Astutamente, a medida del tiempo, los jarjachas huyeron de las montañas y aprendieron a vagar entre la gente del pueblo durante la noche. Se dice que quien se lo tope, puede sufrir de un infarto al corazón ya que el sólo verlo, provoca un terror tan grande que es imposible quedar petrificado ante tal criatura. Se dice que las personas que viven en estas zonas son «curtidas» (sin temor), pero hasta ellos terminan siendo consumidos por el terror que inspira este ser.
De acuerdo a quienes se toparon con el Jarjacha, la única forma de poder librarte de éste, es si traes contigo un espejo. Estos seres no soportan ver el reflejo de los espejos, ya que los induce en un profundo trance de lo que eran y de lo que ahora son.
Existe un problema para los pueblos donde acecha un Jarjacha, y es que si estos se ocupan de este ente, quitándole la vida; él volverá para vengarse en una forma más terrorífica, a la cual los pueblerinos suelen llamar «demonio». Se apreciará una figura espectral con túnica negra en busca de venganza y será mucho más aterrador para quienes se lo encuentren.
En la película que te mencionamos anteriormente, podrás experimentar el terror, afortunadamente…, a través de tu pantalla.
Chincana grande: misterio en Sacsayhuamán

Es bien sabido que la gran fortaleza de Sacsayhuamán es considerada un centro ceremonial, cuyos secretos y misterios se han ido revelando con el paso del tiempo. Por su parte, la Chincana Grande guarda uno de los enigmas más fascinantes que se conocen sobre este complejo arqueológico.
Seguramente, al realizar tu recorrido en Sacsayhuamán, habrás llegado hasta una inmensa roca colocada sobre un antiguo camino, del cual ya quedan pocos vestigios. Pues bien, esa roca actúa como un sello que cubre una serie de catacumbas llenas de misterio y enigmas. Se dice que cuando esta entrada aún estaba abierta, muchas personas se perdieron intentando explorar sus pasadizos y galerías.

Tal como se muestra en la imagen anterior, antes existía una entrada con escaleras bien formadas. Sin embargo, por razones de seguridad y debido a la constante desaparición de personas, se decidió sellarla con esta enorme roca.
A continuación, te contaremos una historia que, sin duda, llamará más que tu atención:
La leyenda del choclo de oro

La historia se remonta a los años 80, cuando la Chincana se hizo famosa debido a que quienes se aventuraban en su interior solían desaparecer. Esto despertó la curiosidad de tres estudiantes que, en conjunto con los pobladores de las zonas colindantes a Sacsayhuamán, decidieron explorar las catacumbas que se encontraban tras atravesar la Chincana Grande.
El día de la exploración, los pobladores ataron una larga y resistente cuerda mientras los estudiantes avanzaban por los pasillos. Ellos se internaron en las zonas más profundas, hasta que, en cierto punto, la cuerda fue cortada desde dentro de la Chincana, dejando a los estudiantes completamente perdidos.
Anduvieron en círculos, envueltos en la oscuridad de lo desconocido. En un intento desesperado por conseguir ayuda, uno de ellos decidió regresar por su cuenta, dejando a los otros dos esperando, pero en el trayecto se extravió y nunca más fue visto. Mientras tanto, los otros dos, al seguir esperando ayuda, divisaron a lo lejos a un imponente inca que escupía fuego por la boca y tenía los ojos llenos de fuego ardiente… Uno de los estudiantes no pudo soportar el terror y sufrió un infarto. La Chincana Grande fue su destino final.
El último estudiante corrió sin parar, y en medio de su huida encontró una gran cantidad de oro. Sin embargo, más que el deseo por el oro, fue el miedo lo que lo impulsó. Como pudo, tomó una mazorca de oro y se la llevó consigo.
Pasó mucho tiempo y los estudiantes fueron dados por desaparecidos. Un día, mientras se celebraba misa en el convento de Santo Domingo con total normalidad, el cura escuchó unos golpes en una puerta desconocida. Al abrirla, se llevó una gran sorpresa: quien tocaba era un hombre en condiciones deplorables, desnutrido, con una barba larga y con las marcas del tiempo en su cuerpo y alma.
¿Cómo se supo lo que ocurrió con cada estudiante? Resulta que ese hombre era uno de ellos, y relató todo lo sucedido. Habían pasado alrededor de 100 años, durante los cuales vagó por el interior de la Chincana, hasta que, el día en que fue encontrado, escuchó a lo lejos una misa y, guiado por ese sonido, llegó al convento de Santo Domingo.
El hombre entregó la mazorca de oro (el famoso choclo de oro) al convento, y en su honor, fue utilizada como adorno dentro de la iglesia. Esta es la historia más conocida en Cusco acerca de la Chincana Grande, y gracias a ella, se han generado muchas teorías que sostienen que la Chincana conectaba con todos los sitios importantes del Cusco, e incluso con lugares más alejados. Se dice que los incas crearon estas catacumbas con un fin estratégico, durante las batallas por la expansión de su imperio.
Si ya reservaste, o estás pensando en reservar nuestro Free Tour a Sacsayhuamán, no dudes en preguntar a nuestros guías por esta historia. Como te mencionamos al inicio, para nosotros como cusqueños es casi una ley conocer estas leyendas. ¡Así que no te quedes con la duda y ven a experimentar esta historia con nosotros!
Historias y leyendas desconocidas
Ya te hemos mencionado las historias y leyendas más conocidas en los andes del Perú, especialmente las zonas que se encuentran alrededor de la ciudad imperial de Cusco. Sin embargo, si pudiéramos contarte todas las historias habidas y por haber en la ciudad imperial, déjame decirte que no terminaríamos nunca…
No te preocupes, hemos seleccionado las historias más llamativas y que, seguramente, te darán algo más que conocer.
El soldado que arrastra cadenas

Esta historia, es un poco terrorífica y triste a su vez, ya que está asociada con lo que los locales suelen llamar «condenados«. Los condenados son considerados como almas errantes que fueron enviadas del cielo a la tierra nuevamente, ya que según Dios, deben terminar lo que tenían que haber terminado en vida. Sólo que esta vez, deben terminarlo siendo no vivos. Lo más común que escucharás sobre los condenados, es que son personas que dejaron algo pendiente en la tierra.
Esta historia me la contó mi madre, y empieza así:
Hace tiempo, alrededor de los años 80, existía un joven de pocos recursos que intentaba sobrevivir trabajando de estibador. Lamentablemente el dinero que ganaba lo destinaba al alcohol, y esto es debido a que tuvo una infancia dura. Cierto día, estando en condiciones de ebriedad, el joven fué llevado a contra su voluntad por una tropa del ejército de la Quinta Brigada de Montaña de Cusco. Esto era normal durante estos años, ya que debido al gobierno que se tenía, el servicio militar era obligatorio y más aún si eras una persona indocumentada o no estabas en la universidad.
El joven fué preparado de forma severa por sus instructores, convirtiéndose en uno de los cadetes más excepcionales en la brigada. Durante las noches, sus superiores siempre le encargaban la vigilancia nocturna, debido a su gran capacidad para manejar situaciones, su agudeza y lealtad por la nación. Sin embargo, como es de suponer, en todo lugar existe la envidia y malicia, y este caso no era la excepción. Los compañeros del joven cadete sentían envidia debido a los méritos que éste había alcanzado, así que en un acto por derrocar su coraje y lealtad, planearon ocultar el rifle del cadete.
Esta acción, más que una simple broma puede ser considerada un acto fatal, ya que una de las reglas que se tiene en el ejército, es que si pierdes el rifle que está bajo tu responsabilidad, recibirás un escarmiento que nunca olvidarás…, y tomando en cuenta que durante los años 80, el ejército en Perú era mucho más drástico y poco compasivo, no podrías imaginar el castigo que esperaba el joven.
El joven cadete, invadido por el pánico, buscó su rifle por todas partes sin tener éxito. Lamentablemente al reportarse el día siguiente sin su rifle, fué encadenado y azotado. Desafortunadamente el castigo fué grave y a causa de las hemorragias provocadas, el joven cadete falleció.

Hasta el día de hoy, se cuenta que en la Quinta Brigada de Montaña, alrededor del complejo, se escucha el sonido de cadenas que son arrastradas. Según el relato de otros soldados, lo que observaron fué un hombre con uniforme arrastrando cadenas en sus brazos mientras se escuchan pequeños sollozos. Se dice que el alma del soldado sale cada noche en busca de su rifle, y es la razón por la cual se escuchan cadenas siendo arrastradas.
Sirenas en el río Huatanay

Lo más probable es que, si estás de visita en Cusco, hayas visitado o desees visitar Huancaro, ubicado en el distrito de Santiago. Lo más característico de este lugar es su río, el Huatanay, que actualmente carece de agua y está totalmente contaminado. Sin embargo, hace mucho tiempo este río era mucho más hermoso y su caudal era considerablemente mayor, llegando incluso hasta la pista.
Durante esos tiempos se mencionaba la existencia de sirenas, pero no eran esas sirenas mágicas que te otorgan vida eterna; su historia es algo distinta.
En esa época, cuando el caudal del río era más alto, en Huancaro existían las famosas picanterías, lugares donde los pobladores solían embriagarse con chicha de jora y regresar muy tarde a sus casas. Se dice que las sirenas atacaban a estos hombres, ya que eran más fáciles de engañar. El punto más concurrido era el primer puente de Huancaro, pues por allí pasaban los conocidos «borrachitos». Antes de cruzar el puente, escuchaban la hermosa voz de una mujer que los llamaba. Bajo los efectos del alcohol, caían rendidos ante el encantador canto de las sirenas y, al asomarse por los barandales del puente, estas los sujetaban del cuello y se los llevaban a lo más profundo del río. Muchos desaparecieron y jamás se volvió a saber de ellos.
Esta es una pequeña leyenda sobre el río Huatanay, que sin duda llena de historia lo que antes fue. Recuerda: si pasas por este río, no contribuyas a su contaminación. Ahora tienes una razón más para entender que todos los lugares tienen algo que los hace especiales.
La Qhayqasqa: cuentos de San Jerónimo
Esta historia solo es conocida por los habitantes del distrito de San Jerónimo:
Se cuenta que en el sector de Pata Pata existe un espíritu maligno que atemoriza a quienes se encuentren en la zona, especialmente a quienes toman siestas por ahí. Seguramente te preguntarás: “¿Siesta? ¿Por qué tomaría una siesta en medio del bosque?” Déjame contarte que desde hace mucho tiempo, las personas que viven en sectores como San Jerónimo o en zonas alejadas de la ciudad suelen descansar en estos lugares después de largas jornadas de trabajo.
Por lo mencionado, varios pobladores de Pata Pata fueron víctimas de este espíritu, ya que, según se dice, descansaron en un lugar que pertenece a otro ser… «La Qhayqasqa». A continuación, te mostramos un cortometraje sobre este ente:
Recuerda que todos los lugares tienen algo especial, y algunos pueden ser sagrados para ciertos espíritus, como la Qhayqasqa. Si invades su zona de descanso, podría atormentarte durante todo tu viaje.
Escapa de la historia !Vívela!
Si eres un entusiasta del misterio y el terror, te dejamos algunas recomendaciones para una experiencia llena de suspenso. Eso sí, antes de realizar cualquiera de estas actividades, asegúrate de estar acompañado por un guía local o alguien capacitado.
Cementerio Almudena

Los cementerios son lugares que guardan historias de quienes ya no nos acompañan. Pero no temas: durante el mes de octubre, específicamente en Halloween, se ofrecen recorridos temáticos que puedes disfrutar en grupo. Esta es nuestra mejor recomendación. Aventurarte solo podría darte una gran sorpresa… y no precisamente buena.
Recorre la Chincana pequeña

Si deseas experimentar un fragmento de lo que vivieron los tres estudiantes que se perdieron en la Chincana grande, te invitamos a recorrer la Chincana pequeña. Para ello, deberás ir a Sacsayhuamán (horarios: 6:00 a 18:00 horas) y dirigirte hacia dicha zona. Nuestra sugerencia: haz el recorrido sin linternas, guiándote por los muros. Tranquilo, encontrarás la salida rápidamente. Eso sí, evita entrar en pánico por la oscuridad.
Si prefieres disfrutar en compañía de un grupo y un guía, únete a nuestro Free Tour por la fortaleza de Sacsayhuamán para vivir la historia en carne propia.
Visita el Templo de Santo Domingo

Únete a nuestro tour por la ciudad de Cusco y descubre las historias que guarda el Templo de Santo Domingo. Puedes preguntar sobre la leyenda que conecta la Chincana grande con este convento. Nuestros guías te fascinarán con sus relatos.
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Sabemos que hay personas especializadas que pueden guiarte por la ciudad de Cusco, sus calles icónicas y sus tradiciones antiguas. Nosotros te ofrecemos algo más: además de profesionalismo, brindamos un trato cálido y amigable a todos nuestros visitantes. Porque si ustedes no fueran nuestros oyentes y lectores, estas historias seguirían guardadas bajo cuatro llaves.
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