
Lima no es solo la capital del Perú; es una ciudad donde cada calle susurra historias que te transportan a los primeros días de la época colonial. Mientras caminas por sus plazas y recorres sus calles, es inevitable preguntarse: ¿quién estuvo detrás de su fundación y por qué este acontecimiento cambió para siempre el rumbo de Sudamérica?
En este artículo te invitamos a viajar en el tiempo para descubrir cómo nació la antigua “Ciudad de los Reyes”, quién fue el protagonista de este momento clave y cómo su creación convirtió a Lima en una de las ciudades más influyentes del continente. Una historia que no solo se cuenta… se vive en cada rincón de la ciudad, y que explica por qué Lima sigue cautivando a quienes la visitan hoy.
¿Quién fundó Lima?
Para descubrir esta historia, hay que retroceder al momento en que los españoles llegaron por primera vez a América. Desde la ciudad de Panamá, en 1531, partieron las primeras expediciones hacia el territorio del Perú, impulsadas por la ambición y el deseo de explorar lo desconocido. Fue durante la tercera expedición, liderada por Francisco Pizarro, cuando los españoles desembarcaron en las costas de Tumbes y emprendieron su viaje hacia el interior, hasta llegar a Cajamarca. Allí ocurrió uno de los episodios más decisivos de la historia: la captura del último gobernante inca, Atahualpa.
Este acontecimiento, en 1532, marcó la llegada oficial de los españoles al territorio inca y dio inicio a una serie de enfrentamientos que cambiarían el destino del continente. Sin embargo, el poderoso Tahuantinsuyo ya atravesaba un momento de gran fragilidad. Una guerra civil entre los hermanos Huáscar y Atahualpa había debilitado profundamente al Imperio Inca, dejando sus cimientos vulnerables.
En medio de este escenario, Francisco Pizarro supo aprovechar la situación. Con el apoyo de sus hombres, su ventaja en armamento y el impacto de enfermedades desconocidas en América, logró imponerse sobre la civilización inca. Así comenzaba una nueva etapa: la época colonial. Poco después, el 18 de enero de 1535, se fundaría la ciudad de Lima bajo el nombre de “Ciudad de los Reyes”. Hoy, al recorrer sus calles, puedes sentir cómo este pasado sigue vivo en cada rincón de la ciudad.
Francisco Pizarro y la conquista del Perú

Francisco Pizarro, nacido el 16 de marzo de 1478, fue una figura clave en la caída del Tahuantinsuyo entre 1532 y 1533. Este proceso fue el resultado de varios años de exploraciones, intentos fallidos y alianzas estratégicas.
Tras la conquista de México, comenzaron a circular noticias sobre un territorio rico en el sur, conocido como “Birú”. En 1524, Pizarro se asoció con Diego de Almagro y el sacerdote Hernando de Luque para organizar la llamada “Empresa del Levante”. Pizarro asumió el mando de la expedición, Almagro se encargó de reclutar hombres y reunir provisiones, y Luque aportó el financiamiento.
Luego de dos expediciones sin resultados, en 1532, durante el tercer intento, los españoles llegaron al actual territorio peruano. El contexto favoreció su avance. El imperio inca se encontraba debilitado por la guerra civil entre Atahualpa y Huáscar. La captura de Atahualpa en Cajamarca permitió a los españoles consolidar su posición.
A partir de este punto, el dominio español se expandió rápidamente. En 1535, Pizarro fundó la ciudad de Lima, conocida inicialmente como “Ciudad de los Reyes”, que se convertiría en el principal centro político del territorio. La resistencia inca continuó en regiones alejadas. El Reino de Vilcabamba se mantuvo activo durante casi 40 años, hasta su caída en 1572. Con este hecho, se consolidó el control español y el Virreinato del Perú quedó plenamente establecido.
El nombre original: Ciudad de los Reyes

Tras los acontecimientos ocurridos entre 1532 y 1533, se inició el proceso que daría origen a la ciudad de Lima, fundada el 18 de enero de 1535. Este momento no solo marcó el comienzo de la época colonial, sino también el nacimiento de un nombre cargado de simbolismo: la “Ciudad de los Reyes”.
Este título se le atribuyó, en gran parte, por su cercanía con la festividad de los Reyes Magos (6 de enero), una coincidencia que reforzó su significado religioso. Además, el nombre reflejaba la importancia política de la ciudad como capital del Virreinato, en honor a los monarcas españoles Carlos I de España y Juana I de Castilla.
Este simbolismo también quedó plasmado en su escudo de armas, donde destacan la estrella de Belén y tres coronas, en clara alusión a los Reyes Magos. Con el paso del tiempo, el nombre “Ciudad de los Reyes” fue cayendo en desuso y fue reemplazado por “Lima”, un término que proviene de la palabra “Rímac”, en referencia al río que atraviesa la ciudad.
Importancia de la fundación de Lima
Tras la fundación de la “Ciudad de los Reyes” en 1535, Lima comenzó a consolidarse como el principal centro político del territorio. Años después, en 1542, con la creación del Virreinato del Perú, la ciudad asumió oficialmente el rol de capital.
La elección del lugar respondió a criterios estratégicos. En un primer momento, se consideró a Jauja como sede del poder. Sin embargo, su altitud y la distancia respecto al mar dificultaban la comunicación y el abastecimiento.
Ante estas limitaciones, los españoles optaron por el valle del Rímac. Esta zona ofrecía acceso permanente a agua, un clima más estable y cercanía al litoral. Además, permitía una conexión directa con el puerto del Callao, punto clave para el comercio con España. A partir de esta decisión, se trazó el núcleo urbano que hoy corresponde al centro histórico. Desde allí se organizaron las funciones administrativas, religiosas y económicas del virreinato, consolidando a Lima como eje del poder colonial en Sudamérica.
Centro político del Virreinato del Perú

Desde su fundación en 1535, Lima fue configurándose como el principal centro de control en el territorio. En 1542, con la creación del Virreinato del Perú por Carlos I de España, la ciudad quedó establecida como su capital.
La autoridad del monarca en América se ejercía a través de los virreyes. El primero en llegar fue Blasco Núñez de Vela, quien asumió el cargo en 1544. Su gobierno se apoyó en la Real Audiencia de Lima, institución encargada de la administración de justicia y del equilibrio político.
Desde Lima se dirigía la administración de amplios territorios de Sudamérica, que incluían las actuales jurisdicciones de Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia, Chile y Argentina. Este sistema se consolidó en 1569 con la llegada de Francisco de Toledo, quien reorganizó la estructura administrativa, reguló la recaudación de tributos y reforzó el control del territorio.
A partir de estas reformas, Lima quedó establecida como el principal centro político y administrativo del virreinato.
Influencia cultural y religiosa

Durante el Virreinato del Perú, entre los siglos XVI y XIX, la vida en Lima estuvo marcada por la organización de la Iglesia católica. La Arquidiócesis de Lima ejerció un rol central en la estructura social y en la administración religiosa del territorio.
La corona española mantuvo el control sobre las instituciones eclesiásticas a través del sistema del Patronato Real, lo que permitió integrar la religión al funcionamiento del gobierno. En este contexto, la educación, el arte y las prácticas culturales se desarrollaron bajo influencia religiosa.
Con el tiempo, estas tradiciones se combinaron con las costumbres locales. Este proceso dio lugar a un sincretismo entre elementos andinos y europeos, visible en festividades, expresiones artísticas y prácticas cotidianas que se mantuvieron a lo largo del periodo virreinal.
Crecimiento urbano y arquitectura colonial

Durante el Virreinato del Perú, Lima experimentó un crecimiento urbano sostenido. Desde su fundación en 1535, la ciudad fue trazada en damero, siguiendo las Leyes de Indias, que regulaban la organización de las ciudades en América.
El desarrollo se concentró en torno a la Plaza Mayor de Lima. Allí se ubicaron las principales instituciones del poder, como el Palacio de Gobierno del Perú, la Catedral de Lima y las residencias de los grupos dirigentes. A partir de este núcleo, la ciudad se expandió hacia nuevos barrios con funciones residenciales y comerciales.
La arquitectura reflejó esta evolución. Se incorporaron estilos europeos como el renacentista, barroco y neoclásico, adaptados a las condiciones locales. Iglesias y conventos cumplieron funciones religiosas, educativas y sociales dentro del espacio urbano.
En la construcción se emplearon materiales como la quincha y el adobe, adecuados para una zona sísmica. Estas técnicas permitieron levantar estructuras más flexibles frente a los movimientos telúricos frecuentes en la región.
Importancia en Sudamérica
Durante la época del Virreinato del Perú, especialmente entre los siglos XVI y XVII, Lima se consolidó como el principal centro del poder español en Sudamérica. Desde la ciudad se dirigía la administración de amplios territorios del continente, bajo la autoridad del gobierno virreinal y la Real Audiencia de Lima.
Su importancia también se definió por la economía. La plata extraída de Potosí impulsó el crecimiento de Lima y su integración en las rutas comerciales del imperio. Estos recursos eran trasladados hacia la costa y embarcados rumbo a Europa a través del Callao, que funcionaba como salida del virreinato.
A partir de esta dinámica, Lima se consolidó como centro político y nodo comercial dentro del sistema colonial español.
Herencia histórica y cultural

La herencia del Virreinato del Perú definió la organización política y cultural del territorio. Durante este periodo se estableció un sistema colonial que integró poblaciones indígenas, europeas y africanas bajo una misma estructura administrativa.
En el plano institucional, el virreinato introdujo mecanismos de gobierno que luego influirían en la etapa republicana. Instituciones como los cabildos, las audiencias y los sistemas administrativos organizaron el control del territorio y la administración de justicia.
En el ámbito cultural, este proceso dio lugar al mestizaje. La combinación de tradiciones se refleja en la lengua, la gastronomía y las prácticas cotidianas. En este contexto, la religión católica se consolidó como eje de la vida social, integrada al funcionamiento político mediante las estructuras coloniales.
Lugares relacionados con la fundación de Lima
La fundación de Lima, encabezada por Francisco Pizarro el 18 de enero de 1535, estableció un núcleo urbano destinado a concentrar el poder político, religioso y administrativo del Virreinato del Perú. Este espacio inicial fue trazado siguiendo un patrón ordenado, con la plaza central como eje de organización.
A partir de este punto se desarrollaron los principales edificios e instituciones que estructuraron la ciudad durante la etapa colonial. Estos espacios marcaron la expansión urbana y definieron el funcionamiento de Lima en los siglos siguientes.
A continuación, se presentan algunos de los lugares más representativos para entender la formación histórica de la ciudad.
Plaza de Armas de Lima

La Plaza de Armas de Lima, también llamada Plaza Mayor, es el punto donde se fundó la ciudad en 1535. Desde su origen, funcionó como el eje del trazado urbano definido por el modelo en damero.
Alrededor de la plaza se instalaron las principales instituciones del poder colonial, como el gobierno, la iglesia y las residencias de los grupos dirigentes. Este espacio concentró la administración política y la organización social durante el periodo virreinal.
Con el paso del tiempo, la plaza mantuvo su función central. Hasta hoy, sigue siendo el principal escenario de actos oficiales y acontecimientos públicos en la ciudad.
Catedral de Lima

La Catedral de Lima se levantó poco después de la fundación de la ciudad en 1535, en uno de los lados de la Plaza Mayor. Desde entonces, formó parte del núcleo institucional que organizó el espacio urbano durante el periodo colonial.
Su construcción se desarrolló por etapas y fue modificándose con el tiempo, incorporando elementos de estilo renacentista, barroco y neoclásico. Estas transformaciones respondieron tanto a cambios estéticos como a reconstrucciones tras sismos que afectaron la ciudad.
Además de su función religiosa, la catedral participó en el proceso de evangelización impulsado por la corona española. En su interior se conservan espacios y elementos vinculados a los primeros años de la presencia española, incluido el sepulcro de Francisco Pizarro.
Palacio de Gobierno del Perú

El Palacio de Gobierno del Perú se levanta en el mismo lugar donde Francisco Pizarro estableció su residencia tras la fundación de Lima en 1535. Desde entonces, este espacio quedó vinculado al ejercicio del poder político.
Durante el Virreinato del Perú, funcionó como sede de los virreyes, quienes administraban el territorio en nombre de la corona española. Desde aquí se tomaban decisiones que afectaban a gran parte de Sudamérica.
En la actualidad, el palacio mantiene esa función como sede del Poder Ejecutivo. Su ubicación frente a la Plaza de Armas de Lima lo integra al núcleo original desde donde se organizó la ciudad.
Lima hoy: historia viva para el turismo
El proceso de conquista y organización colonial transformó el antiguo territorio del “Birú” en el Virreinato del Perú, estableciendo nuevas estructuras políticas, económicas y sociales desde el siglo XVI.
En ese contexto, Lima se convirtió en el principal centro de poder. Desde su fundación en 1535 como “Ciudad de los Reyes”, concentró las decisiones administrativas y el control del territorio. A lo largo de los siglos, fue escenario de los principales acontecimientos de la Lima colonial. A continuación, te presentamos el Centro Histórico de Lima, uno de los espacios clave para entender esta etapa en la ciudad.
Centro Histórico como atractivo turístico

Para entender qué hace especial al Centro Histórico de Lima, hay que mirar sus distintas capas de historia. En este espacio conviven restos de ocupaciones prehispánicas —como las de los antiguos Ychma— con la traza urbana establecida tras la fundación española en el siglo XVI.
Este conjunto fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988, en reconocimiento a su valor histórico y urbano. Su diseño en damero, definido desde 1535, organizó el crecimiento de la ciudad y concentró las principales instituciones del poder colonial.
Dentro de este núcleo destacan espacios como la Plaza de Armas de Lima, la Catedral de Lima y el Palacio de Gobierno del Perú. A su alrededor se desarrollaron iglesias, conventos y casonas que definieron la estructura urbana durante el periodo virreinal.
Experiencias como walking tours

Si decides recorrer el Centro Histórico de Lima por tu cuenta, podrás seguir el trazado original de la ciudad, observar su arquitectura y ubicar los principales espacios del periodo colonial. Es una forma directa de entender cómo se organizó Lima desde su fundación en 1535.
Para una visita guiada, los Free walking tours ofrecen una lectura más detallada del lugar. Con un guía, es posible identificar calles, edificios y puntos clave vinculados al origen de la ciudad y al funcionamiento del Virreinato del Perú. Estos recorridos suelen operar bajo el sistema de contribución voluntaria al finalizar.
También existen opciones con horarios específicos, como recorridos dominicales, y servicios privados para quienes buscan una experiencia más personalizada dentro del mismo circuito histórico.