
Lima de antaño, Lima de siempre, Lima que atrae por sus casonas, iglesias y conventos, también por sus calles impregnadas de tradición e historia. Esas características las convierten en vías que te conectan con el pasado virreinal de la ciudad fundada por el conquistador español Francisco Pizarro en el valle del río Rímac, el 18 de enero de 1535.
Declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1991, el Centro Histórico de la “Ciudad de los Reyes” —ese fue su nombre fundacional — “posee todos los elementos y características físicas que le confieren su Valor Universal Excepcional”, siendo un “testimonio de la arquitectura y el desarrollo urbano de una ciudad colonial española de gran importancia política, económica y cultural en Latinoamérica”.
Esos son algunos de los criterios que justificaron la decisión de la Unesco y, a la vez, son razones poderosas para recorrer la “vieja Lima”. Así que prepárate para andar por el centro descubriendo su arquitectura, los hechos históricos y las anécdotas que le dan un matiz particular a las calles, jirones y pasajes que te esperan y conocerás, pausada y gustosamente, cuando tu agenda viajera te lleve al Perú y a la “Ciudad de los Reyes”.
Con la intención de tentarte y motivarte, a continuación, encontrarás una guía de las calles más famosas de la “Tres Veces Coronada Villa”, como también es llamada la urbe que durante la época virreinal fue el centro político, económico y administrativo más importante de Sudamérica. Esa trascendencia se hace evidente en su arquitectura que, a pesar del paso de los siglos y de los terremotos, todavía se mantiene en pie.
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Jirón de la Unión

Foto: Perú-Retail.com
El centro del centro. La vía peatonal imperdible para cualquier viajero. El trazo urbano que conecta las plazas de Armas —el núcleo del poder político y religioso del país — y San Martín —en homenaje al generalísimo que proclamó la independencia del Perú el 28 de julio de 1821—, convirtiéndose en una especie de corredor o puente entre la colonia y la república.
El origen de este afamado jirón se remonta a la fundación española de la ciudad en 1535. Fue Francisco Pizarro quien le dio su trazo original, mas no el nombre. En aquellos tiempos cada una de sus 11 cuadras tenía una denominación diferente, siendo lugar de residencia de familias adineradas y, al mismo tiempo, un punto neurálgico para el comercio, tanto así que uno de sus sectores se llamaba Mercaderes.
La denominación actual surgió en 1862 por iniciativa del militar Mariano Bolognesi y del escritor Manuel Atanasio. La peatonalización se realizó en 1981, durante la gestión del alcalde Manuel Orrego. Más allá de los cambios y de la transformación de la ciudad en una metrópoli, el jirón de la Unión mantiene su esplendor arquitectónico y comercial. Este alcanzó su máximo apogeo a finales del siglo XIX y la primera mitad del XX.
En tu recorrido préstale atención a la plaza San Martín, con su monumento ecuestre del libertador y su marcado estilo neocolonial y neobarroco; y a la iglesia de la Merced que data del siglo XVI e impresiona por su fachada barroca churrigueresca. Los balcones coloniales y republicanos son otra de las atracciones, al igual que la plaza de Armas, flanqueada por la Catedral y los palacios de Gobierno y Municipal.

Jirón Carabaya
En el periodo colonial esta calle paralela al jirón de la Unión fue llamada Pescadería (albergó al primer mercado de productos hidrobiológicos de Lima), Gradas de la Catedral, Ropavejeros y calle de la Coca. Su nombre actual, Carabaya, es un homenaje a una de las provincias del departamento de Puno, localizado al sur del Perú. El cambio se produjo en 1862, durante un proceso de reorganización del “Damero de Pizarro”.
El jirón Carabaya une la plaza San Martín con la estación ferroviaria de Desamparados, hoy convertida en la Casa de la Literatura Peruana. En esta vía vivieron personajes de gran trascendencia histórica, como el mariscal Ramón Castilla, el presidente que abolió la esclavitud en 1854, y Augusto B. Leguía, quien gobernó el país durante quince años (1908-1912 y 1919-1930).

Tu travesía no debe terminar en la plaza de Armas. Sería un grave error viajero no prolongar tus pasos hasta la estación Desamparados. Así que enrumba por la cuadra 4 de Carabaya, considerada por los turistas y los mismos limeños como una de las “joyitas” urbanas del Centro Histórico por su ambiente sosegado, su bella arquitectura colonial y republicana y sus locales comerciales.
Aquí caminarás entre una de las paredes laterales del palacio de Gobierno y una serie de edificaciones antiguas en la que se ofertan desde siempre finos trabajos en cuero, especialmente zapatos, además de cafés y tiendas diversas. Al final de la calle aparece la imponente estación de trenes y, al frente, el tradicional bar Cordano, visitado por presidentes y diversos personajes de la política nacional.
Jirón Áncash

Un espacio anclado en el tiempo donde la vorágine de la vida moderna se diluye en la quietud de un jirón que debes recorrer con calma. Paso a paso para descubrir la estación de Desamparados, con su estilo afrancesado propio de la arquitectura limeña de inicios del siglo XX; los museos Bodega y Cuadra y el Afroperuano, cuya sede es la casa colonial de las Trece Monedas.
Pero, la mayor recompensa de esta aventura es la iglesia y convento de San Francisco, localizado al final del jirón Áncash (cruce con el jirón Lampa). Declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, este complejo arquitectónico-religioso es uno de los más importantes de América. Aprovecha tu escapada para visitar su museo y sus sombrías catacumbas.
Al igual que el jirón de la Unión y otras arterias del Centro Histórico, el trazo de esta vía fue hecho por Francisco Pizarro. Su nombre actual, surgido en 1862, evoca a una región montañosa de la sierra norte del Perú. En Áncash se encuentra la cordillera Blanca, la cordillera tropical más alta del mundo. Una de sus cumbres es el Huascarán, el nevado de mayor altura del país (6768 m).
De vuelta a Lima y al jirón Áncash, donde en la época colonial funcionó la primera carnicería de la ciudad, ubicada en la segunda cuadra, conocida por aquel entonces como Rastro de San Francisco. Al final de tu jornada, tómate un chilcano o pisco sour en el bar Cordano (esquina con el jirón Carabaya). Acompaña la bebida con una butifarra (un clásico sánguche limeño) o un tacu tacu con bistec apanado.
Pasajes Olaya y Santa Rosa

Foto: Agencia Peruana de Noticias Andina
Son dos simpáticas vías peatonales que desembocan en la plaza de Armas de Lima. El pasaje Olaya es tan antiguo como la ciudad. Se encuentra entre los jirones Unión y Carabaya. A lo largo de su historia recibió distintos nombres: callejón de Petateros (tapetes tejidos con palma), de los Sombreros y Mercaderes, por su agitada actividad comercial.
También se le conoció como callejón de la Cruz, porque en la época colonial los delincuentes eran ajusticiados en una cruz que existía en la plaza Mayor (hoy plaza de Armas). Su denominación actual es del siglo XX y conmemora al mártir José Olaya, quien fue un valeroso pescador del distrito de Chorrillos que, durante la lucha por la independencia, utilizaba su habilidad como nadador para llevar mensajes secretos entre los patriotas de Lima y el Callao.
El pasaje Santa Rosa se encuentra al lado del palacio Municipal y se extiende hasta el jirón Camaná. Su origen es republicano (data de 1940) y su nombre evoca a Rosa de Lima, la primera santa de América. Varios restaurantes le dan un cariz particular a esta vía donde en 1985 se colocó una piedra recordatoria del curaca Taulichusco, quien gobernó el valle del Rímac hasta la llegada de Francisco Pizarro.
Curiosamente el monumento del conquistador español fue trasladado recientemente a este pasaje, después de permanecer varios años en el parque de la Muralla.
Otras calles, otras experiencias

Foto: Francisco Anzola, captura en Flickr
Si estás en el centro debes explorar, también, los jirones Conde de Superunda, Huancavelica y Ucayali, por mencionar solo algunas vías. Y es que vayas donde vayas en la “vieja Lima” se revelará ante tus ojos una iglesia colonial, un edificio republicano, un museo o centro cultural, una galería con lo mejor de la artesanía y un bar o restaurante con esa sazón exquisita que caracteriza a la comida peruana.
*Conde de Superunda: une la avenida Tacna con la plaza de Armas. Resaltan las casas de Osambela y de las Columnas, además del convento e iglesia de Santo Domingo, edificado originalmente en 1535. El conde de Superunda, José Antonio Manso de Velasco, fue el virrey entre 1745 y 1761.
*Huancavelica: cruza calles importantes como la avenida Tacna y los jirones de la Unión (altura de la iglesia de La Merced) y Carabaya. En sus cuadras destacan la casa museo Miguel Grau, héroe naval de la Guerra del Pacífico elegido el peruano del milenio; la bodega Carbone, célebre por sus butifarras; el teatro Segura y el Santuario de las Nazarenas (esquina con Tacna), donde se venera al señor de los Milagros, el patrón de Lima.
*Ucayali: se extiende entre los jirones de la Unión y Paruro. En sus siete cuadras encontrarás varios lugares de interés como el palacio de Torre Tagle, con su gran fachada barroca; la casa Aliaga, habitada por la misma familia desde el virreinato, y la iglesia de San Pedro del siglo XVI. Si quieres brindar, el bar Maury te espera para ofrecerte su pisco sour. Si te apetece la comida oriental con sazón peruana, visita el barrio Chino de Lima.
Ya lo sabes, la capital del Perú tiene mucho que ofrecerte. No lo pienses más y planifica tu viaje a la “Ciudad de los Reyes”.
